Luke Alphey, investigador de la Universidad de Oxford especializado en biotecnología logró reducir en un 80% la población de los mosquitos trasmisores del dengue en las islas Caimán. Para eso introdujo machos cuya capacidad reproductiva había sido alterada genéticamente.

El avance fue presentado en Buenos Aires por el doctor Kevin Gorman durante el III Encuentro Internacional y XV Simposio sobre Enfermedades Olvidadas organizado por la fundación Mundo Sano, que concluyó el jueves. El desarrollo, que ya está disponible, estuvo a cargo de Oxitec Ltd., una empresa británica de biotecnología, dedicada a control de plagas.

“Tenemos una cepa de Aedes aegypti que contiene un gen letal, un gen incorporado transgénicamente, y además un marcador fluorescente anexado”, lo que permite identificarlo con facilidad en el microscopio, explicó Gorman. Liberan únicamente a los machos –que no pican –, los que se aparean con las hembras silvestres. “Así, toda la cría hereda una copia del gen letal ; por lo tanto, machos y hembras mueren mientras son larvas. De ese modo, no existen crías de todas las hembras silvestres que se aparean con nuestros machos modificados”.

Para liberar a la naturaleza un número de machos que marque una diferencia significativa, midieron la cantidad de insectos silvestres y liberaron entre cinco y diez veces esa cantidad de machos.

En tres semanas fueron introducidos 30 millones de machos, en tandas de 10 millones.

Al cabo de varias semanas o meses la población de mosquitos había sido casi toda modificada genéticamente.

Según explicó Marcelo Abril, director de Programas y Proyectos de Mundo Sano, “estas herramientas innovadoras se utilizan como alternativa al combate químico de los mosquitos.

La idea es evitar que el vector que transmite la enfermedad se reproduzca durante la temporada húmeda, y de esta manera reducir el impacto del dengue”.

El dengue es una de las llamadas “enfermedades desatendidas”. Según la Organización Panamericana de la Salud, en lo que va de 2012 se notificaron más de 160.000 casos en Centroamérica, de los que unos 10.500 fueron graves.

Argentina tuvo un brote en 2009, que afectó a unas 27.000 personas. Si bien el número de casos se redujo significativamente, el Ministerio de Salud alertó a quienes viajen a países limítrofes y a Centroamérica para que extremen precauciones, ya que en Paraguay, Bolivia y Brasil, el número de casos sigue siendo muy alto.

Gorman contó que en la ciudad de Juazeiro (nordeste de Brasil), según los resultados preliminares de dos pruebas se pudo reducir el número de insectos en un 85% y en un 90% respectivamente.