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| El año 2008 trajo al extremo sur de América Latina el fantasma de la fiebre amarilla. Sensibilizados por las noticias llegadas desde diversos puntos de la región, por primera vez en varias décadas, los habitantes de Buenos Aires sintieron en carne propia la amenaza de la enfermedad. La memoria colectiva recuerda que en el año 1871 la ciudad fue escenario de la última gran epidemia. Angel Pizzorno hace una pormenorizada semblanza de aquellos días. | |||||
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Vista de la Plaza de Mayo en la época de la epidemia.
El 27 de enero de 1871
se conocieron los
primeros tres casos
de fiebre amarilla
en Buenos Aires;
a partir de esa fecha
se registraron
un promedio de
diez enfermos diarios. |
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A comienzos de 1870, Buenos Aires es todavía la Gran Aldea. En ella conviven el Gobierno Nacional, el de la Provincia de Buenos Aires y el municipal. El censo de 1869 había registrado en la Ciudad de Buenos Aires 187.000 habitantes. Se inaugura el tranvía de la Recoleta a la Plaza de la Victoria. Se fundan la Compañía de Gas y el Banco Nacional, y el primer bandoneón desembarca en brazos de un marinero alemán. Por cada librería hay cien billares y 150 pulperías. Un dato es preocupante: sobre 19.000 viviendas urbanas, 2.300 son de madera o barro y paja. Hay un incipiente sistema de aguas corrientes, pero el grueso de la población se surte de pozos o directamente del río, por medio de los aguateros. En este último caso, las quejas por la suciedad del agua son constantes. La construcción no acompaña el ritmo del flujo inmigratorio. Comienza el hacinamiento de inmigrantes en los barrios del sur. La higiene urbana deja mucho que desear.
El panorama del país interior es mucho menos tranquilo que el de la futura Reina del Plata. La Guerra del Paraguay finaliza con la destrucción total del país hermano. Su conductor, el Mariscal Francisco Solano López, muere combatiendo. Los montoneros tienen a maltraer al presidente Sarmiento y los malones liderados por el cacique Calfucurá consuman doce invasiones en un año. Una de ellas llega a los suburbios de Rosario; las fronteras interiores retroceden a los límites del siglo XVIII. La década del Sesenta se aleja con una advertencia: dos brotes de cólera en Buenos Aires, uno en 1867 y el otro en 1868 dejan centenares de víctimas. A fines de 1870 se registran numerosos casos de fiebre amarilla en Asunción del Paraguay. En Corrientes, el primer enfermo se detecta en diciembre de ese año y el último en junio de 1871. De 11.000 habitantes que tenía la ciudad, mueren 2.000. Con el año nuevo comienzan a llegar los primeros veteranos de la Guerra del Paraguay. El 27 de enero se conocen tres casos de fiebre amarilla en Buenos Aires. A partir de esa fecha se registra un promedio de diez enfermos diarios. Las autoridades parecen desoír a quienes advierten que se está en presencia de un brote epidémico. La polémica crece y gana los diarios. La municipalidad trabaja intensamente preparando los festejos oficiales del carnaval. A fines de febrero el Dr. Eduardo Wilde asegura que se está en presencia de un brote febril. El bullicio carnavalesco ahoga la voz de este solitario aguafiestas. |
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